A Daniel C.
Éste es ese hombre
roto en llanto
cubierto de llanto el cuello
el paso, el aliento, el pestañeo.
Que no sabe llorar el quebranto
y la pérdida de la invaluable mujer.
El viejo sabio
está echo un niño que nada sabe
ni la dirección del hogar.
Sale el lobo de su hambre
para devorar a su presa
seca laguna de llanto
lágrimas lloradas al pasado
el primer hombre de todos
desesperadamente en llanto.
Ojos llenos de mujer que no existe
pero existió y le alzó el rostro con su mano
pero los ojos, ya no pueden mirar su existencia
porque se ha vuelto humo
y como humo con el viento se ha disipado.
Manos piedras quisieran lanzarse
romper el cristal de una ventana
hacer ruido
despertar a la pesadilla de su sitio
y que la pesadilla ya no duerma.
Árbol solitario
lejos de la semilla
y del puño que en la tierra la puso dentro.
Hoja de viento
en otoño las hojas se van de su sitio
para darle el último recorrido ligero
al cuerpo inerte que el viento lleva de la mano.
Éste es ese hombre
roto en llanto
cubierto de llanto el cuello
el paso, el aliento, el pestañeo.
Que no sabe llorar el quebranto
y la pérdida de la invaluable mujer.
El viejo sabio
está echo un niño que nada sabe
ni la dirección del hogar.
Sale el lobo de su hambre
para devorar a su presa
seca laguna de llanto
lágrimas lloradas al pasado
el primer hombre de todos
desesperadamente en llanto.
Ojos llenos de mujer que no existe
pero existió y le alzó el rostro con su mano
pero los ojos, ya no pueden mirar su existencia
porque se ha vuelto humo
y como humo con el viento se ha disipado.
Manos piedras quisieran lanzarse
romper el cristal de una ventana
hacer ruido
despertar a la pesadilla de su sitio
y que la pesadilla ya no duerma.
Árbol solitario
lejos de la semilla
y del puño que en la tierra la puso dentro.
Hoja de viento
en otoño las hojas se van de su sitio
para darle el último recorrido ligero
al cuerpo inerte que el viento lleva de la mano.
